MIHURA, EL ÚLTIMO COMEDIÓGRAFO

Humor, memoria y teatro para recorrer la vida de Miguel Mihura.

Una biografía sentimental del dramaturgo articulada alrededor de Tres sombreros de copa y de las dos décadas que transcurrieron entre su escritura y su estreno. Vida, ficción, cabaret y humor se mezclan en un homenaje tanto a Mihura como al oficio teatral.

Dirección
Beatriz Jaén
Año
2025
Desafio

Acompañar una época sin convertirla en una postal.

En Mihura, el último comediógrafo, el reto estaba en apoyar desde la ayudantía de vestuario la propuesta de Vanessa Actif y dar coherencia a un universo que recorre distintas capas del teatro, la memoria y la biografía de Miguel Mihura. La época debía estar presente, pero sin sentirse rígida ni excesivamente reconstruida. Trajes, chalecos, sombreros, vestidos, batas, medias, abrigos y accesorios ayudan a situar cada escena con rapidez, pero también a diferenciar el mundo cotidiano del autor de los espacios más teatrales, nocturnos y cabareteros. El trabajo exigía precisión en cada detalle para que los cambios de tono resultaran naturales.
Objetivo

Hacer que el vestuario pareciera pertenecer a la memoria, no a un museo.

La intención era construir una imagen con aroma de época, pero viva y cercana. Los tonos crema, marrones, burdeos, negros y ocres generan una base cálida y coherente, mientras que las texturas, los estampados, las plumas, las pieles y los complementos permiten que los momentos más escénicos ganen expresividad. Desde la ayudantía de vestuario, el objetivo fue contribuir a que cada personaje y cada transición funcionaran con fluidez: cuidar siluetas, combinaciones y pequeños elementos para que la ropa ayudara a pasar de la intimidad del escritor al camerino, al cabaret o al propio escenario.
Resultado

Un vestuario que atraviesa la vida y el teatro sin marcar dónde termina uno y empieza el otro.

El resultado es un universo visual cálido, reconocible y muy teatral, donde conviven la sobriedad de los trajes masculinos con la exuberancia de los personajes de cabaret. Esa dualidad permite que el vestuario participe del juego constante entre realidad, recuerdo y ficción que recorre la obra. La ropa no solo sitúa una época: también acompaña el tono de cada escena y ayuda a construir el imaginario sentimental alrededor de Mihura. En Mihura, el último comediógrafo, cada prenda funciona como una pieza más de esa memoria escénica que vuelve a cobrar vida.
Siguiente proyecto
Un viaje musical por las voces que construyeron a Asier Etxeandia.