AMARGO DE ANGOSTURA

Un cuerpo fuera del canon reclama su lugar en la danza.

Serie fotográfica inspirada en la vida nocturna y en el espíritu libre y excesivo asociado al mítico Studio 54. Una visión contemporánea de la noche madrileña a través de intérpretes, artistas y personalidades de la cultura española.

Dirección/Fotografía
Dominik Valvo
Año
2015
Desafio

Construir un exceso que nunca pareciera gratuito.

En Amargo de Angostura, el reto estaba en crear un universo donde cada personaje pudiera llevar su identidad al límite. La pieza pedía glamour, artificio, sensualidad, humor y provocación, pero necesitaba evitar que esa acumulación se convirtiera simplemente en disfraz. Cada silueta debía ser excesiva y, al mismo tiempo, pertenecer de verdad a quien la llevaba. El vestuario trabaja con códigos muy distintos —cabaret, noche, drag, sastrería, lentejuelas, piel, transparencias, plataformas o ropa interior— y los mezcla sin establecer jerarquías entre lo masculino y lo femenino. La dificultad estaba en conseguir que toda esa diversidad conviviera dentro de un mismo imaginario.
Objetivo

Vestir la libertad sin ponerle etiquetas.

La intención era utilizar la ropa como una herramienta de transformación y juego. Cambiar de género, de época, de actitud o de personaje podía suceder a través de una peluca, un tacón, una chaqueta de lentejuelas, una joya exagerada o simplemente mostrando el cuerpo. El vestuario debía permitir que las identidades fueran móviles y nunca completamente previsibles.

Buscaba una estética sofisticada pero irreverente, cercana a la fotografía de moda, al cabaret y a la cultura nocturna. Brillos, estampados, volúmenes, prendas ajustadas y accesorios rotundos construyen personajes que no intentan pasar desapercibidos: entran en escena para ser vistos.

Resultado

Cuando todo está permitido, vestirse se convierte en una declaración

El resultado es un universo visual exuberante, sensual y deliberadamente teatral. Cada personaje posee una imagen muy marcada, pero todos comparten una misma actitud frente al vestuario: apropiarse de él, exagerarlo y utilizarlo para construir nuevas versiones de sí mismos. Lo elegante convive con lo kitsch, lo masculino con lo femenino y la sofisticación con un punto de descaro.

El blanco y negro de las imágenes potencia todavía más ese juego de texturas y siluetas: lentejuelas, pieles, transparencias, sastrería, joyería y cuerpos desnudos compiten y se complementan dentro del mismo plano. En Amargo de Angostura, el vestuario no define quién eres: abre la posibilidad de ser muchos.

El ballet también puede tener otros cuerpos.

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